
Locamente temerosa como flor en espera del invierno ardiendo de palpitaciones y pensamientos prohibidos te escribo esta noche para contarte lo que siento al amarte...
Enfundada en el deseo y al mismo tiempo prisionera de temores pretéritos pero ardorosamente bellos, quemantes al tacto, dulces a los oídos y luminosos para la mirada, extraña en los tiempos y conocida en los momentos.
Tentadora a reacciones corporales más que deseables con infinita agonía de ser poseída por la dulzura del perfume más picante de la sensualidad del cuerpo al desnudo.
El cuerpo desnudo chispeante de deseo y exorbitantemente lleno de poder que te recluya y te detenga en el centro mismo del mundo, para llevarte de viaje por el abrupto camino de rocas desnudas y que te enseñe el camino de la pasión que sostiene un beso de amor.
Temblorosa y rogando el trayecto de ese viaje como electricidad corriendo por la espalda, por las piernas llevándome con intensidad al edén prometido de placeres jamás vividos, exquisitos, delirantes.
Llenándose de una lujuría tan poderosa que el mismo cielo emitiría sus gritos en relámpagos de dolor con el suave sabor del placer mezclado con el amor.
Amor que desencadena deseos y propicia miradas , miradas intensas y profundas, profundas como el pozo de lujuría que mezcla el barro con la gloria, la gloria de las contemplaciones del amor ideal, ideal que se ve sometido por el poder del deseo, deseo que desencadena amor.
Amor que se sumerge en lo profundo de dos cuerpos con el gozo a flor de piel, emitiendo el olor del sexo de dos sudores embriagados de energía pura, sagrada, tierna, capaz de matar pero seguir viviendo con tan extasiables sensaciones infinitamente deliciosas donde la respiración agitada es el lenguaje del los jadeos y gemidos que cantan la más deliciosa y hermosa canción.
La canción que es capaz de hacer vibrar a las piedras, desencadenar tormentas de fuego en el cielo y llenar de rocío los pétalos de las flores, manifiesta la unión más profunda, el toque más sensual y el deseo corriendo como un torrente indomable lleno de roces y rasguños, sonrisas y suspiros, gritos y susurros.
Susurros que se pierden en el silencio del latir cercano de dos cuerpos con dos corazones, llenándose de la esencia uno del otro calmando poco a poco la respiración de haberse sabidos uno solo, acostados en el alma con una mirada que dice lo que los cuerpos emiten, complices de esas sonrisas, de esos suspiros dejando la huella palpable a la luz de la noche, las estrellas y la aún humedad que el primer rayo de sol cobijará.
Cobijará con sus primeros destellos, entibiando los cuerpos que se encontraron en el acto mas profundo, inspirados por el deseo extremo y la imaginación que llena los sentidos unidos ahora por las manos que se entrelazan mientras con los ojos cerrados se transportan a un mundo donde lo que acaban de vivir empezo... los sueños.
Sueños tan reales, que parecen fantasiía de lo hermosos ... el silencio hace su parte por que las palabras sobran, solo las sensaciones interiores, exteriores tienen el dominio arrullándose uno al otro con un calor tan ardiente que el sol aún así no alcanza a entibiar esos cuerpos y se atraen como imanes, sin querer desprenderse aún, que unidos en reposo estan, deseando continuar con la magía que hoy y mañana tendrán.
Y que volverán a colmarlos de dichas indescriptibles, hundiéndolos en la gran agonía del amor, haciéndolos prisioneros del instinto primario, primitivo y animal que al mismo tiempo eleva a los humanos a paraísos tan elevados que ni las dichas del jardin del edén pueden compararse al momento en que las manos son tomadas, las miradas encontradas, el corazón saliendo del pecho al mirar el roce de la ropa.
Ropa que poco a poco abandona a su dueño, cuando un súbito escalofrio comienza desde la espina y se va regando por sitios aleatorios, ese temblor en los labios y sonrisas furtivas y la primera vez que dos cuerpos se encuentran.
Viviendo, alimentándose día a día, noche a noche, calor a calor encontrando indescriptible el sentimiento que los une y los hace delirar el uno por el otro, no aguantando las ganas de poseerse mutuamente con la mas tierna pasión y el más apasionante amor que el desnudarse juntos, mano a mano es un ritual de éxtasis y doloroso, pero dulce goce sacrificando todo por sentirse unidos y tocarse a plenitud en un tiempo que no tiene horas, ni estaciones, ni años .. solo deseo, pasiones y amores.
Amores que son capaces de romper con todo lo establecido y las convenciones de un mundo en el que muchas veces son negados y reprimidos, sin embargo son más fuertes y trascienden de todo y de todos elevándose por encima de la tierra que los demás mortales tocan, confundiéndose en una masa informe de rutinas y de horarios que no comprenden que ellos por pertenecer a este mundo lo han dejado para siempre pues la unión de sus cuerpos y sus almas ha soltado sus ataduras terrenales y los ha convertido y transformado en seres puramente etéreos.
El mundo son ellos dos y la capacidad que tienen de emitir su propia luz, su armonía juntos, su complicidad, su entenderse a veces son tan solo mirarse, con saber lo que los cuerpos desean con tan solo olerse, con decir te amo con tan solo el brillo de sus ojos, con tan solo decirse te deseo con la humedad de los labios, con el temblor de las manos, con la elevación de los pechos jadeantes e implorantes.
Que mas podria pedir?
Enfundada en el deseo y al mismo tiempo prisionera de temores pretéritos pero ardorosamente bellos, quemantes al tacto, dulces a los oídos y luminosos para la mirada, extraña en los tiempos y conocida en los momentos.
Tentadora a reacciones corporales más que deseables con infinita agonía de ser poseída por la dulzura del perfume más picante de la sensualidad del cuerpo al desnudo.
El cuerpo desnudo chispeante de deseo y exorbitantemente lleno de poder que te recluya y te detenga en el centro mismo del mundo, para llevarte de viaje por el abrupto camino de rocas desnudas y que te enseñe el camino de la pasión que sostiene un beso de amor.
Temblorosa y rogando el trayecto de ese viaje como electricidad corriendo por la espalda, por las piernas llevándome con intensidad al edén prometido de placeres jamás vividos, exquisitos, delirantes.
Llenándose de una lujuría tan poderosa que el mismo cielo emitiría sus gritos en relámpagos de dolor con el suave sabor del placer mezclado con el amor.
Amor que desencadena deseos y propicia miradas , miradas intensas y profundas, profundas como el pozo de lujuría que mezcla el barro con la gloria, la gloria de las contemplaciones del amor ideal, ideal que se ve sometido por el poder del deseo, deseo que desencadena amor.
Amor que se sumerge en lo profundo de dos cuerpos con el gozo a flor de piel, emitiendo el olor del sexo de dos sudores embriagados de energía pura, sagrada, tierna, capaz de matar pero seguir viviendo con tan extasiables sensaciones infinitamente deliciosas donde la respiración agitada es el lenguaje del los jadeos y gemidos que cantan la más deliciosa y hermosa canción.
La canción que es capaz de hacer vibrar a las piedras, desencadenar tormentas de fuego en el cielo y llenar de rocío los pétalos de las flores, manifiesta la unión más profunda, el toque más sensual y el deseo corriendo como un torrente indomable lleno de roces y rasguños, sonrisas y suspiros, gritos y susurros.
Susurros que se pierden en el silencio del latir cercano de dos cuerpos con dos corazones, llenándose de la esencia uno del otro calmando poco a poco la respiración de haberse sabidos uno solo, acostados en el alma con una mirada que dice lo que los cuerpos emiten, complices de esas sonrisas, de esos suspiros dejando la huella palpable a la luz de la noche, las estrellas y la aún humedad que el primer rayo de sol cobijará.
Cobijará con sus primeros destellos, entibiando los cuerpos que se encontraron en el acto mas profundo, inspirados por el deseo extremo y la imaginación que llena los sentidos unidos ahora por las manos que se entrelazan mientras con los ojos cerrados se transportan a un mundo donde lo que acaban de vivir empezo... los sueños.
Sueños tan reales, que parecen fantasiía de lo hermosos ... el silencio hace su parte por que las palabras sobran, solo las sensaciones interiores, exteriores tienen el dominio arrullándose uno al otro con un calor tan ardiente que el sol aún así no alcanza a entibiar esos cuerpos y se atraen como imanes, sin querer desprenderse aún, que unidos en reposo estan, deseando continuar con la magía que hoy y mañana tendrán.
Y que volverán a colmarlos de dichas indescriptibles, hundiéndolos en la gran agonía del amor, haciéndolos prisioneros del instinto primario, primitivo y animal que al mismo tiempo eleva a los humanos a paraísos tan elevados que ni las dichas del jardin del edén pueden compararse al momento en que las manos son tomadas, las miradas encontradas, el corazón saliendo del pecho al mirar el roce de la ropa.
Ropa que poco a poco abandona a su dueño, cuando un súbito escalofrio comienza desde la espina y se va regando por sitios aleatorios, ese temblor en los labios y sonrisas furtivas y la primera vez que dos cuerpos se encuentran.
Viviendo, alimentándose día a día, noche a noche, calor a calor encontrando indescriptible el sentimiento que los une y los hace delirar el uno por el otro, no aguantando las ganas de poseerse mutuamente con la mas tierna pasión y el más apasionante amor que el desnudarse juntos, mano a mano es un ritual de éxtasis y doloroso, pero dulce goce sacrificando todo por sentirse unidos y tocarse a plenitud en un tiempo que no tiene horas, ni estaciones, ni años .. solo deseo, pasiones y amores.
Amores que son capaces de romper con todo lo establecido y las convenciones de un mundo en el que muchas veces son negados y reprimidos, sin embargo son más fuertes y trascienden de todo y de todos elevándose por encima de la tierra que los demás mortales tocan, confundiéndose en una masa informe de rutinas y de horarios que no comprenden que ellos por pertenecer a este mundo lo han dejado para siempre pues la unión de sus cuerpos y sus almas ha soltado sus ataduras terrenales y los ha convertido y transformado en seres puramente etéreos.
El mundo son ellos dos y la capacidad que tienen de emitir su propia luz, su armonía juntos, su complicidad, su entenderse a veces son tan solo mirarse, con saber lo que los cuerpos desean con tan solo olerse, con decir te amo con tan solo el brillo de sus ojos, con tan solo decirse te deseo con la humedad de los labios, con el temblor de las manos, con la elevación de los pechos jadeantes e implorantes.
Que mas podria pedir?








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