Ámame esta noche como si supiéramos que no habrá mañana,
que no amanecerá nuevamente para nosotros.
Permite que tus manos despojen a mi piel estremecida,
de los aromas de un amor inédito y mágico.
Deseo nutrirme de tu cuerpo en estas horas temibles,
donde las sombras de la muerte parecen hacerse tan reales,
que siento que me roban el aire y marchitan mi esperanza,
¡desvuélveme el alma a través de un dulce beso abrasado!
Entra en mi cuerpo y danza junto a mí sin límites,
sobre el paraíso húmedo de las sabanas,
hazme olvidar el temor que siento muy adentro,
que la estación inocente de los juegos esta llegando a su fin.
Ámame, te lo ruego, que sea tu cuerpo encendido,
el que sosiegue el frío que me hiela la sangre.
Bebe de mis lágrimas y calma tu sed mágica,
después del ardor que provoca el goce de amarse.
Dile que no recuerde y dile que no respire, amor, sin respirarme.
miércoles, 28 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
MAGICO Y OSADO
Este es el tiempo mágico y audaz donde se detienen,
mi andar inquieto por el mundo y tu sereno recorrer los días,
para unirse sin palabras en un ceñido abrazo,
que con su ardor nos incendia la sangre.
Tus labios se regocijan con mi boca anhelante,
robándole mil besos impacientes,
mientras tus manos como arietes impetuosos
derrumban los muros que entre los dos se levantan.
Son tus dedos los exploradores asombrosos,
que al tocar mis zonas más profundas,
abren para tu espada deliciosa mi enardecido nido,
mientras dejo escapar suavemente mis gemidos
Te recibo complaciente dentro de mí
cuando reclamas aquietar tus vehementes deseos,
y, danzamos muy juntos al compás,
de nuestros desencadenados sentidos.
Y cuando tus movimientos excitantes,
hacen estallar, al fin, de goce mi cuerpo,
extiendo mis alas estremecidas,
para volar hacia donde termina el cielo.
mi andar inquieto por el mundo y tu sereno recorrer los días,
para unirse sin palabras en un ceñido abrazo,
que con su ardor nos incendia la sangre.
Tus labios se regocijan con mi boca anhelante,
robándole mil besos impacientes,
mientras tus manos como arietes impetuosos
derrumban los muros que entre los dos se levantan.
Son tus dedos los exploradores asombrosos,
que al tocar mis zonas más profundas,
abren para tu espada deliciosa mi enardecido nido,
mientras dejo escapar suavemente mis gemidos
Te recibo complaciente dentro de mí
cuando reclamas aquietar tus vehementes deseos,
y, danzamos muy juntos al compás,
de nuestros desencadenados sentidos.
Y cuando tus movimientos excitantes,
hacen estallar, al fin, de goce mi cuerpo,
extiendo mis alas estremecidas,
para volar hacia donde termina el cielo.
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